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Bienvenido a Holanda

Esta reflexión fue un obsequio de los padres de Willie (Sepúlveda, W. (2000). Las caras de Willie. San Juan: Editorial SER de PR.) durante su visita en el RUM como parte del curso EDES 4006 (Educación Especial), la cual, lleva por nombre Bienvenido a Holanda y fue escrita por Emely Perl Kingsley, 1989. 

Coloco esta reflexión como parte de mi blog porque considero que las madres con niños que tienen ADD esperaban que sus hijos nacieran normales y que no les causaran ningún inconveniente. Sin embargo, con el paso del tiempo desarrollaron conductas inapropiadas, las cuales fueron el inicio de una serie de problemas para las madres.

Si las madres supieran que sus hijos van a desarrollar temprano en la niñez este síndrome, quizá harían todo lo posible para evitarlo. Sin embargo, aunque busquemos información relacionada al tema, siempre encontraremos que la misma no es completamente válida. Por tanto, hay seguir buscando información hasta tener las herramientas adecuadas para lograr mantener una buena relación entre hijos y padres.

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La primera persona en reconocer y describir el ADD lo fue el británico George Still en 1902 (Avilés, 2006; Joselevich, 2003; Quiñones, 2002; Joselevich, 2000). Still creía que los niños eran inquietos porque padecían de un defecto de control moral  de su conducta que era resultado de una lesión cerebral (Avilés, 2006).  Aproximadamente para 1917 en  Estados Unidos, Ebaugh observó un cuadro similar como consecuencia de la encefalitis letárgica (Quiñones, 2002; Ebaugh, 1923). En esa época era conocido como el desorden post encefalitis (Avilés, 2006).  

En la década del ’30, se estudiaron manifestaciones conductuales y cognitivas de diversos cuadros neurológicos como por ejemplo, la epilepsia. Quienes estudiaron esto descubrieron una relación inversa entre el nivel intelectual y la actividad motora del niño (Joselevich, 2000). Para esta época hubo un auge en las terapias, aunque no fue hasta el 1970 cuando comenzó a delinearse el ADD (Joselevich, 2003). Durante los 30’s y los 50’s, los servicios de tratamiento se aplicaban sólo a los niños ricos (Safer, 1979).  Strauss y Lehtinen (1947) delinearon el término como síndrome de daño cerebral mínimo (Avilés, 2006; Quiñones, 2002; Joselevich, 2000). Para 1950, Laufer y Denhoff (1957), consideraban que la causa del síndrome era un filtro pobre de estímulos en el tálamo. Por lo que le llamaron Síndrome Hiperkinético (Joselevich, 2003; Joselevich, 2000). Otros se refirieron al ADD como un desorden del impulso Hiperkinético (Quiñones, 2002).  

En la década del ’60, los investigadores notaron que los niños con este síndrome nunca habían sufrido ningún tipo de daño cerebral (Quiñones, 2002). Por lo que se utilizó el término de disfunción cerebral mínima (Avilés, 2006; Quiñones, 2002). Para este mismo tiempo, Chess (1963), estableció el nivel de actividad como una característica que puede definir el síndrome. Esto se reflejó en el Manual de diagnóstico y estadística de enfermedades mentales publicado por la American Psychological Association (APA) en su segunda edición publicada en 1968 (Joselevich, 2000). En el cual se definió que el ADD era un desorden caracterizado por unos factores presentes en los niños como la distracción, cortos lapsos de atención y sobreactividad (Quiñones, 2002). Luego, en la siguiente década, la psicóloga Virginia Douglas (1972) se concentró mejor en el desorden y logró identificar unas áreas afectadas por el ADD. Las cuales son: falta de organización, dificultad en mantener atención sostenida y un enorme esfuerzo mental para llevar a cabo las tareas, incapacidad para inhibir respuesta (conducta) impulsiva, inhabilidad para modular los niveles de atención en demandas situacionales y, finalmente, la fuerte inclinación por parte de quienes presentan este desorden hacia la búsqueda de gratificación inmediata (Quiñones, 2002; Joselevich, 2000).  Douglas encontró que el mayor problema de los niños con ADD se encontraba en  la atención sostenida y no en la distracción (Joselevich, 2000).  

Para 1980, APA acepta y adopta el término déficit de la atención con y sin hiperactividad  en su tercera edición (DSM III) por influencia de los estudios anteriores realizados en esta área (Joselevich, 2003; Quiñones, 2002; Joselevich, 2000). Luego para 1987, APA coloca el término desorden por déficit de atención e hiperactividad en su 3ra edición revisada (DSM III-R) (Quiñones, 2002; Joselevich, 2000). El nombre representaba la importancia que tienen ambos factores en el desorden (Quiñones, 2002).  En esa misma época, Barkley (1982) escribió un libro en el que describe a esta década como una de progreso al aparecer criterios más específicos para diagnosticar este desorden que a su vez, permitieron diferenciar la hiperactividad de otros desordenes psiquiátricos (Quiñones, 2002).  

Para 1994, la Asociación Psiquiátrica Americana  presentó una definición más detallada del ADD en su cuarta edición del DSM IV (Quiñones, 2002; Joselevich, 2000), en la cual, presentó el diagnostico en dos dimensiones: hiperactividad-impulsividad y falta de atención (Joselevich, 2000).  A comienzos del presente siglo, los investigadores del ADD han centrado sus estudios en la descripción e identificación de varios síntomas relacionados con este síndrome debido a que no han podido encontrar relación alguna entre ADD y daño cerebral. La 4ta edición revisada del  Manual de Diagnóstico y Estadística Mental (DSM IV-R) clasifica la condición como Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (Avilés, 2006).  

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Bibliografía

Fuentes de información relacionadas al ADD que no se limitan a las experiencias de madres con ADD. Espero le sirva de provecho.

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